lunes, 12 de abril de 2021

El actor (Rodrigo Añibarro)

Imaginemos por un momento la siguiente secuencia de acontecimientos:

Existe este chico, que por falta de nombre llamaremos X. Él nunca vio una película en su vida, ni un comercial, ni nada relacionado a la televisión, y un día viaja a cierto destino en colectivo.

Es un viaje que sucede por la noche y X se sienta en un lugar al lado de la ventana. Saca sus auriculares y pone la música que le gusta mientras mira las estrellas en la oscura noche, y se sume, se entrega a sus pensamientos. Así llega a su destino durante el día, donde entra a su habitación y se sienta frente al televisor a mirar una película, la primera que ve en su vida. En esta película hay un chico que viaja en colectivo por la noche, al lado de una ventana, escuchando música, admirando las estrellas y sumido en sus pensamientos. El chico está bien peinado, con ropa visualmente atractiva, e incluso se sienta en una posición que lo hace ver atractivo también, y si bien la música está en sus auriculares, la película reproduce esa música para que los espectadores de dicha película puedan escucharla también. Es una linda escena, atractiva, con alma; uno puede ponerse en la piel del personaje, entender que está pensando en cosas profundas que para su vida en particular tienen sentido y son importantes. Esto es lo que ve X, y se sube nuevamente al colectivo por la noche para volver a su lugar de origen.

X ya no es la misma persona. Esta vez se encuentra sentado contra la ventana, escuchando música, admirando las estrellas y sumido en sus pensamientos, pero algo cambió. Está bien peinado y es consciente de ello, su postura es digna de ser pintada en un cuadro, o de ser la foto de perfil de alguna red social, ya no percibe la música como algo dentro de sus auriculares, sino como algo que “colorea” la escena, su escena. Admira forzosamente las estrellas y piensa forzosamente en cosas profundas, ya que su mente ahora está dividida en dos. Una parte es la que hace estas cosas, la que vive su existencia, y la otra es un espectador de dicha existencia. X nunca más va a volver a ser el mismo por lo que reste de su vida. Su realidad individual fue comprometida, corrompida, y de ahora en más, está atado por el resto de su existencia a verse a sí mismo en cada escena de su vida, ya que su vida, para él, ahora es una gran película de la que él es el protagonista principal.

X se transformó en actor y espectador, y esto cambiará su vida para siempre. Todas sus emociones, sentimientos y pensamientos ahora están ligados a la escenificación. Abandonó la realidad subjetivamente objetiva para sumirse en una realidad completamente subjetiva, donde el acto de espectarse a sí mismo es una constante que actuará todo el tiempo, pero pasará de forma completamente desapercibida por él. Y esto es necesario que sea así, ya que, si fuese consciente de tal acto de expectación, la realidad de la escena se vería comprometida, esto es, X sabría que está actuando, y todo el proceso sería en vano, ya que arruinaría el propósito del proceso.

Ahora, para hablar de dicho proceso es necesario entender o aceptar ciertas cuestiones como pertenecientes a la realidad objetiva o al menos a cada realidad individual por separado, pero sin excepción. La humanidad desde los principios siempre luchó por su supervivencia en los ámbitos más básicos, como la alimentación, seguridad y procreación, por lo que su accionar se dirigía a un fin concreto, pero a medida que se distinguió del resto de los animales por la intervención cada vez mayor del intelecto en su realidad las sociedades mutaron y estos objetivos pasaron a ser de orden animal, dejando al ser humano desprovisto de objetivo hacia el cual encaminarse, y a su vez fomentando indirectamente la diversidad subjetiva. Aquí debemos detenernos un poco ya que podríamos afirmar dos realidades objetivas, que, si bien se encaminan hacia el mismo resultado, me parece importante destacarlas. Podríamos afirmar que el ser humano siempre fue diverso en sus individualidades y que la falta de objetivo en el ser humano como una unidad o masa se desvirtuó gracias a los avances tecnológicos, por un lado, los cuales facilitaron las necesidades básicas de alimentación, seguridad y por ende procreación; y los avances culturales que son los responsables de darle un alma o sentido a la humanidad, en los cuales incluimos a la espiritualidad por ser una cuestión subjetiva de cada cultura con algunas semejanzas, por supuesto, entre algunas de ellas; esto, sumado a la consecuencia directa de estos factores, producto de llevar una vida más tranquila que es el aumento en cantidad de relaciones sociales que se dieron, terminaron como resultado en un conglomerado de personas (ya no simplemente humanos) que tuvieron la oportunidad de descubrir su individualidad y subjetividad. O podríamos decir que los factores anteriormente explayados dieron por resultado personas que se construyeron una subjetividad en base a sus preferencias, creando cada uno su propia personalidad como resultado, aunque afirmar esto sería aceptar que existen preferencias personales y, por ende, que ya existe una subjetividad, por lo que lógicamente afirmaremos con seguridad que la subjetividad no fue construida sino descubierta por cada individuo, y que este descubrimiento fue facilitado o permitido gracias a que los objetivos más básicos como especie fueron solventados gracias a los avances tecnológicos, con el paso de seres primitivos a la civilización. Así también la evolución de la cultura dio como resultado un sinfín de actividades a las que una persona puede volcarse para llenar esa falta de propósito, ese hueco que dejó la búsqueda de satisfacción de las necesidades básicas, fortaleciendo aún más la individualidad, y, por ende, fortaleciendo el narcisismo de cada persona, ya que la civilización permite a cada individuo sentirse diferente, y, por ende, especial.

Lo que nos queda a este punto, entonces, es un conglomerado de gente en donde cada uno se siente particular y especial por ser como es, por descubrirse a sí misma, y es aquí donde entra el fenómeno de las películas, que cautivan nuestra ánima y nos muestran que una vida ordinaria puede ser especial, interesante, intensa en su simple existir, en su quehacer de las tareas más comunes. Y desde que una persona ve una película y se siente identificado con el protagonista en cualquier aspecto posible de la gama de aspectos en los que posiblemente una persona podría sentirse identificada con otra, que son muchos y varían desde lo emocional hasta el carácter o simplemente la situación particular o incluso cualquiera de estos factores a medias, es que desarrolla este complejo de actor que lo acompañará hasta su muerte. Su mente será dividida en dos, y siempre se verá desde afuera, sintiéndose el protagonista de una película con público imaginario que lo observa.




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